Razones para ser Masón
Quien aspire a ingresar en la Francmasonería ha de saber que tiene que ser un hombre libre,de buena reputación y buenas costumbres. “Libre” quiere decir «no atado» a ninguna sujeción física o moral; las “buenas costumbres” serán del tipo medio de corrección o «standard» de conducta que se tome como modelo. Aparte de ello es preciso, también, que tenga vocación de masón, que se sienta afín a lo que significa la institución Masónica, pues no todo aspirante a la iniciación a ella es iniciable. Por ello, aunque la Francmasonería no es elitista en el sentido material del vocablo, pues acoge a personas de todas las clases sociales, sí es, en cambio, selectiva, y por ello no da cabida a quienes no demuestren tener buenas cualidades para la vida iniciática. Para ser iniciable es preciso poner el ser por encima del tener, y acudir a la institución más con el propósito de dar que con el de recibir. Hay quienes dicen que la Masonería es algo anticuado que ya ha cumplido su ciclo, por lo que no parece comprensible que un hombre moderno encuentre razones que le impulsen a hacerse masón. Los que eso afirman incurren en ese defecto tan español de tomar la parte por el todo.
Aunque el lenguaje masónico pueda parecer anticuado, es, sin embargo, bello y sugerente, y lleva en sí, como lo hace la Francmasonería, la esencia de la modernidad sin caer en los lugares comunes.
Los tres ejes de la Francmasonería —el perfeccionamiento individual, la búsqueda de un fundamento de la existencia y la influencia en la historia como el centro de la unión— son tres metas permanentes del hombre que no están vinculadas a ninguna época ni a ninguna cultura concreta.
Luchar por la libertad de los seres humanos, liberándolos de la esclavitud de la ignorancia y la pobreza; aportar su esfuerzo para el logro de una paz sin violencia, como resultado del diálogo; comprometerse en que exista una auténtica igualdad de oportunidades para que todas las personas desarrollen todo su potencial de trascendencia en la sociedad; enseñar la importancia de una ética social que guíe, más allá de la Ley, el comportamiento de los ciudadanos; postular el reformismo social y humanitario; instar la defensa de la neutralidad política y religiosa del Estado y propugnar la plena vigencia de la totalidad de los Derechos Humanos —civiles, políticos, económicos, sociales, familiares, culturales y de solidaridad, y de la ética en todo quehacer público— no se ha quedado anticuado: como tampoco se ha quedado la lucha contra la corrupción que afecta gravemente al cuerpo social, ni el procurar que la calidad de vida sea patrimonio compartido, y que en las Naciones imperen la justicia y la honestidad, y que la responsabilidad e incorruptibilidad sean normas de conducta para todos.
Pero a quien considere que se ha quedado fuera de los tiempos, le decimos que hacemos nuestras las palabras de un francmasón ilustre, el Marqués de Lafayette: Los hombres denodados, obstinados, algo estúpidos y perfectamente honorables, que tienen una Fe ciega en la libertad y en la perfectibilidad de la Humanidad, son ridículos; por otra parte, gracias a ellos, y únicamente a ellos, existe la posibilidad de civilizar la política del hombre y mejorar su suerte. Nos encontrarnos entre esos hombres ridículos y algo estúpido, a mucha honra. A quienes opinen que la Francmasonería es una utopía, podemos decirles que aún en ese supuesto sería una bella utopía que merecería la pena vivirse.
El ser humano es sujeto y objeto del quehacer masónico. Por ello, la masonería en general y, en concreto, la masonería escocista, orienta a sus miembros a la comprensión de su origen, esencia, concepciones éticas y normas de relación con la sociedad, para impulsar su constante perfeccionamiento y desarrollo.
Los motivos que tendrá un hombre de nuestro tiempo para hacerse masón son variables. No será solamente el tan reprochado “arribismo”. En muchos casos la motivación se transmite de padre a hijo. En algunos, puede ser que consideren que la Masonería puede ser un “complemento” de una determinada adscripción política; y para otros, heridos por las vicisitudes de la vida, puede ser el encuentro con su verdadera familia: aquella que al dar un abrazo no miente.
Sintetizando, los motivos pueden ser de dos tipos:
1º Principales. Que son los de ingresar en una Institución, esencialmente ética, filosófica y humanista, que persigue el perfeccionamiento material, cultural y espiritual de la sociedad en lo referido a:
• La enseñanza esotérica.
• El conocimiento y perfeccionamiento de sí mismo y del medio en que vive.
• El servicio a la Humanidad corno miembro de una Orden humanista que, consecuente con sus principios y tradición, manifiesta su preocupación por la crisis que afecta al Hombre, a la Sociedad y a las Instituciones.
• La libertad, la dignidad y la autonomía del Hombre y de su espíritu.
• Arrojar nueva luz sobre el fundamento de la existencia del Hombre de modo que las creencias que ya profesa se hagan más abiertas e integradoras.
• Contribuir a erradicar el fanatismo, el racismo y la intolerancia.
• La práctica de la solidaridad activa, no sólo con los francmasones sino con todos los seres humanos.
• Luchar por la libertad de los seres humanos, liberándolos de la esclavitud de la ignorancia y de la pobreza.
• Encontrarse con otros hermanos donde el apretón de manos es sincero, porque todos los francmasones están obligados a ser amantes de la verdad.
2º Accesorios. Como son la búsqueda de apoyo y protección, pues los francmasones deben apoyarse y socorrerse moral y materialmente, incluso con peligro de la vida, y cada miembro de la fraternidad tiene una obligación de solidaridad hacia sus hermanos; el adquirir más capacidad para el diálogo; profundizar en las relaciones interpersonales y profesionales; establecer nuevas relaciones; poseer o aumentar el dominio del lenguaje a través de la práctica del diálogo, el debate ordenado y la escritura; la valoración de los problemas y la búsqueda de nuevas soluciones para ellos, e, incluso, como se subraya en los Estados Unidos de Norteamérica, para el ejercicio de cualquier clase de liderazgo.
La fraternidad, la filantropía, la instrucción, la mejora moral de sus miembros, la mejora integral de los pueblos y la lucha pacífica por el progreso, el fortalecimiento de la democracia participativa, que son sus señas distintivas, son buenas y potentísimas razones que pueden impulsar a un hombre de nuestro tiempo a integrarse en una institución que siempre ha aspirado a que sus miembros sean coherentes entre lo que dicen y lo que hacen.
Los seres humanos libres y con voluntad actúan entre la fuerza de lo posible y el peso de lo necesario, buscando, muchas veces a tientas, los caminos de lo verdadero, lo bueno y lo bello. Las instituciones que se proclaman definitivamente realizadas y que excluyen de su seno la duda, la crítica o las propuestas de mejora, se convierten en lugares inaccesibles e inhabitables para el hombre pensante. La comunidad humana es una obra en permanente ejecución, abierta a todas las ideas que contribuyan a su mejora, libre ella misma y libres sus componentes; inconclusa “como la tela de Penélope o el mar de Ulises”. Quien desee contribuir a esa obra puede aspirar a ser francmasón.