Qué no es la Masonería
Hace dos mil años en la Antigua Roma, el maestro Agrícola en su primera clase pidió a sus alumnos que «pusieran bajo sospecha todo lo que hubiesen leído o escuchado anteriormente sobre el tema». Pretendía, con este consejo, que abandonasen toda información que pudiera conducirles a un juicio previo. Muy posteriormente Descartes, en su “Discurso del Método”, dice que el primer precepto es «no admitir como verdadera cosa alguna que yo no la conozca evidentemente como tal».
Así, teniendo presentes estos consejos, deberíamos dar comienzo al estudio y conocimiento de los temas complejos, y el conocimiento de la Francmasonería sin duda alguna lo es. Apuntado lo que es la Francmasonería, la afirmación, es preciso que se señale lo que no es: la negación. Al desconocimiento y a la tergiversación de su naturaleza han contribuido tanto sus detractores como sus turiferarios.
Al formar parte del tejido social del país en el que vive y se desarrolla, no está ajena al acontecer socio-político; pero no es ni una secta, ni una religión, ni un partido, ni un Club de intereses. Al prescindir de las pasiones o intereses de círculo e inspirarse en unos ideales más altos, se afirma en su solidez y universalidad que le permite adaptarse a cada tiempo y a las evoluciones de cada país.
Es preciso reafirmar que:
• No es una «secta» de ningún género y nada tiene que ver con esa «secta secreta», tributaria de las más abominables perversidades de que, con contumacia digna de mejor causa, le acusaron sistemáticamente desde el siglo XIX por razones religiosas y políticas, y que culminó con aquel estigma del llamado «contubernio judeo-masónico-comunista urdido contra la España auténtica» que fue, durante largos años, el instrumento utilizado sin rebozo por los poderes públicos para descargar sobre la Francmasonería sus frustraciones.
• No es una organización política, ni tiene ideología política, ni es exégeta de ninguna forma particular de gobierno, pues sus miembros pueden optar libremente por el sistema político de su preferencia. Se abstiene, en su capacidad corporativa, de cualquier tipo de actividad en relación con la política partidista. Educa a sus miembros para que sean buenos ciudadanos y trabajen constantemente a favor de la Humanidad, y procura desarrollar en ellos los sentimientos de orden y legalidad. Quien piense que es una organización política está equivocado, como suele equivocarse quien observa superficialmente las cosas y no va más allá de las apariencias. Naturalmente, nunca estuvo ni estará a favor de las instituciones enemigas del progreso y de la libertad, y ha sido y es un instrumento de fecundo progreso social.
Cierto es que en sus Logias han trabajado Reyes, como Amadeo I de Saboya, Federico II el Grande de Prusia, Francisco I y varios Reyes de Inglaterra, Suecia, Dinamarca; políticos, como Talleyrand, Washington, Bolívar, Porfirio Díaz, Sarmiento, Yrigoyen, Flórez Estrada, Espartero, Prim, Sagasti, Nicolás Salmerón, Lerroux, Martínez Barrio, Portela Valladares y Azaña; pero también hubo sabios, como Ramón y Cajal, Einstein, Openheimer; filósofos, como Voltaire, Proudhon, Kant y Krausse; músicos, como Mozart, Puccini y Breton; pintores, como Sorolla y Juan Gris: literatos, como Echegaray; poetas, como Espronceda, Antonio Machado y Gabriel y Galán; y juristas, además de tribunos, como Melquíades Álvarez, Jiménez Asúa, Demófilo de Buen y Cano Ramírez de Arellano; científicos e inventores, como De la Cierva y Peral; militares, como Oraa, Dulce, Concha, Espartero y tantos otros que nunca se ocuparon de la política como no fuera desde un plano filosófico y humanista, además de centenares de profesionales liberales, artesanos y obreros.
• No es una sociedad secreta, pues no niega su existencia ni sus propósitos y fines y, en España, está inscrita en el Registro de Asociaciones del Ministerio del Interior, donde obran sus Estatutos y los nombres de sus dirigentes. Si la Francmasonería fue secreta en determinados países y momentos históricos fue debido a la necesidad de sobrevivir a las crueles e injustificadas persecuciones de que fue objeto. Cosa distinta es que sus miembros se comprometan a guardar los secretos de sus trabajos o los que les sean revelados, y de las palabras y signos de reconocimiento.
La reserva exigida «es la que se impone a los hombres de honor y buena educación en el trato privado, sin que se reconozca secreto alguno que se obligue a ocultar a las autoridades cuando procedan con arreglo a las leyes». La discreción respecto a los trabajos, o los secretos que sean revelados al iniciado, no es característica exclusiva de le Francmasonería. A principios del Siglo XX el Conde Albert de Mun —aristócrata francés— fundó unas células de acción social y política, de carácter católico, que debían ser ignoradas por aquellos que no las constituían. Unos setenta y cinco años más tarde, los sacerdotes obreros de París, que no descubrían su misión sacerdotal hasta reunir a células de catecúmenos, reprodujeron, en esencia, los procedimientos de Albert de Mun.
• No es una asociación benéfica, aunque considera la práctica de la beneficencia como un deber, y es uno de sus fines que ha cumplido y cumple siempre de modo predilecto. La filantropía es virtud fundamental de la Francmasonería a la que están ineludiblemente obligados todos los masones; pero se equivocan quienes ven en la Francmasonería poco más que un Club Social, como los Rotarios o los Leones, aunque con cierto sabor arcaico de misticismo, adornado de cierta pompa, que sólo sirve para dotar de marco y ambiente a los altruistas fines de ayuda mutua y solidaridad fraterna que existen entre sus miembros. La caridad es una virtud que ha de cultivar el francmasón y no un fuego de artificio que adorne su propio orgullo.
• No es una religión, ya que no impone a sus miembros una creencia religiosa determinada. Tampoco supone ninguna forma de sincretismo religioso. Los francmasones pueden practicar la religión de su preferencia o no practicar ninguna, con tal de que respeten las creencias de los demás. Sus principios prohíben atacar a ningún dogma y, por lo tanto, se abstienen de tomar parte en los debates empeñados entre las diferentes iglesias o formas de culto como no sea para reconocer que todas ellas representan modalidades de sentimiento de veneración del ser humano hacia el Creador. Tampoco es un sucedáneo de religión. Un ilustre francmasón. Antonio Machado, pone en boca de su personaje «Juan de Mairena» que “la divinidad se revela en el corazón del hombre, de cada hombre, y desde ese punto de mira, la creencia en Dios es posición esencialmente individualista”. Salir del dogmatismo no equivale a asumir una actitud antirreligiosa.
• No es una asociación para obtener beneficios, ya que no tiene por objeto procurar a sus miembros ventajas ni en los negocios, ni en la política. Se equivoca quien se acerque a ella con la intención de ingresar en un «lobby» o sindicato de intereses, o en una «oficina de colocación» privilegiada. Cosa distinta es el cumplimiento de los deberes fraternales, de ayuda mutua y socorro, que consisten en ayudar al Hermano en todo cuanto se pueda o indicarle dónde puede obtener ayuda. La solidaridad es el sentimiento de unión que nace de los ideales comunes.
• No es un «fórum», para discutir de política, religión o asuntos personales. No es un sistema de «Clubs» que se apelliden conservadores, radicales, o revolucionarios, aunque sí puede estudiar y definir, desde su perspectiva humanista, líneas de pensamiento para estructurar las nuevas respuestas que la Humanidad reclama y reducir las situaciones de pobreza, falta de alimentación, salud y cultura, y si puede oponerse a todo aquello que enfrenta a un hombre contra otro hombre destruyendo la Paz y la Tolerancia.
• No es un Círculo de Estudios ni una Escuela Filosófica, pero tiene una filosofía propia basada en el estudio de símbolos y alegorías, que persigue, como finalidad, el desarrollo del pensamiento propio y original, con el resultado de que cada francmasón percibe los frutos de ese perfeccionamiento personal al notar que se amplia su manera de ver la vida, se despiertan aptitudes dormidas, nacen perspectivas de mejora y entra en el camino que le transforma en guía de la sociedad. A través del estudio de los símbolos el hombre se convierte en un buen padre, un buen amigo y un buen ciudadano. Esa es, en síntesis, su filosofía. Promueve entre sus miembros la búsqueda incesante de la verdad, el conocimiento de uno mismo y del medio en que cada cual vive, rechazando toda forma de dogma, lo que permite que en su seno convivan en armonía y recíproco respeto personas de diferentes razas, ideas filosóficas, religiosas y políticas.
• No es un movimiento social, aunque tiene una larga tradición emancipadora, y lucha para que todos los hombres, de todas las razas, lleguen a ser libres, iguales y hermanos; pero ese es el deber ético de cada francmasón para no tener que preguntarse un día: ¿de qué me sirve ser libre e independiente si tengo que convivir con otros hombres que no son realmente libres? Marcio Poncio Catón, el Censor, historiador romano célebre por la austeridad de sus principios, manifestó en la madurez de su vida que había luchado «no tanto por conseguir su propia libertad, como por vivir entre hombres libres».
No hay nada más alejado del verdadero espíritu masónico que aquellos que excluyen de sus Logias a quienes tienen distinto color, distinta religión o diferente ideología, porque no es posible actuar en la Francmasonería volviendo la espalda a sus postulados.